Diario de viaje de anarresAnterior - Marzo/Abril de 2002 - Siguiente |
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El cinco, por la tarde, cansados por el viaje (primero a Ezeiza, el avion, el bus a la Rodoviaria Tieté (terminal de buses de São Paulo), el bus hasta aquí, llegaron mi prima Malisa y su esposo, Jorge. Lograron la proeza, pese a la crisis argentina, de convertirse en nuestros primeros visitantes desde allá. Para nosotros la alegría de estar acompañados unos días, y la esperanza de que otros amigos nos visiten también. Por lo tanto, ayer fuimos a la playa (la que tenemos enfrente) y por la tarde vagamos un poco por la ciudad. Hoy temprano fuimos a una de nuestras playas favoritas, Domingas Dias. El agua estaba transparente, nada de olas, lo que nos permitió a Gloria y a mí ponernos la máscara y demás porquerías, y explorar las rocas cercanas. No había demasiado para ver, pero las plantas y algunos cardúmenes de pecesitos plateados nos dieron bastante entretenimiento. Ya sin el equipo, me sorprendió la vista de una tonina, primero apenas entrevista, y luego unas rápidas pasadas, que nos permitieron ver su ñata tan característica. Son las siete de la tarde, las visitas fueron al centro a hacer compras, momento que estoy usando para actualizar el diario, y que con estas lineas inicia una nueva página.
Anteayer volvimos a vistar Paraty. Esta vez, por primera vez, acompañados por familiares. El día fue de tremendo calor y sol. Caminar por las calles empedradas se hizo cansador, pero dimos una buena ojeada al centro histórico. Al mediodía partimos con destino a alguna playa. Como había averiguado previamente que la estrada de tierra a Paraty-Mirim era transitable, hacia allí partimos. Ocho kilómetros de tierra, que recorrimos en unos veinte minutos, nos condujeron a la playa, que resultó el fondo de una larga bahía, muy protegida, sin olas y de casi nula pendiente. Desemboca un río, hay cangrejos, peces, y claro, no podía faltar, unos cuantos quiosques de playa. Como a las cinco estábamos de vuelta en casa, cansados pero contentos. Ayer las visitas hicieron playa, y nosotros fiaca. Por la noche restaurante, bar costero con música "ao vivo". |
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Las visitas nos abandonaron el martes 12 a la madrugada, a la una, desde la rodoviaria de la empresa São José. Pobres, les esperaban cinco horas de viaje hasta Tieté, el bus a Guarulhos, o sea el aeropuerto, la amansadora hasta la hora del vuelo, que no les coincidía mucho, el vuelo, y el viaje hasta su casa, en Nuñez. Habrán terminado hartos, por decir poco. Durante estos días hemos conocido amigos y parientes de nuestro amigo Raúl C, otro argentino de los que rondan por aquí. Ha estado visitado, primero por un amigo, y ahora por su cuñado y sobrino, con los que mañana iremos a Fortaleza, a bucear un rato. Hoy es domingo, final de un fin de semana en que vino mucha gente de las ciudades cercanas, supongo que como despidiéndose del verano. Hace un calor terrible, pero en la tele vemos que las tiendas ya están ofreciendo ropa de media estación, los diarios hablan de los preparativos para el otoño, y las liquidaciones de verano ya terminaron. Por aquí, que es pueblo costero, nadie piensa en todo eso, por suerte. Reconozco que este diario se ha vuelto monótono y carente de novedades. Es que nuestra vida no tiene, al menos por ahora, nada de notable. Seguimos como a la expectativa, esperando que la situación allá por Argentina se defina un poco, para bien o para mal, de manera de tomar alguna decisión para nuestras vidas. Algunas noticias necesarias para organizarnos se demoran, entre ellas el tema migratorio. Tambien me preocupa la situación en casa de mis padres, de los que no tengo noticias hace quince días, ya que evito hablar con mi padre, con lo que me limito a esperar llamada de mi madre. Este es un tema que hasta ahora he eludido mencionar, y éste no es lugar para hacerlo. Baste decir que mi padre me ha defraudado mucho, más de lo que soy capaz de perdonar.
Hoy, preocupado por la ausencia de noticias de mi casa, fui con malos presentimientos y pocas ganas a saludar a mi padre por su cumpleaños, hasta el teléfono público de la esquina. Logré cumplir minimamente con mi deber de hijo, pero mis presentimientos se cumplieron. Mi madre estaba en cama, con problemas de equilibrio. Por lo tanto, luego de agotar la tarjetita telefónica (dura 30 segundos) fui con urgencia a la única cabina pública de Ubatuba. No pude evitar hacer responsable a mi padre por el problema, y nuestra relación quedó algo peor aún. Por la tarde, mi madre llamó a nuestro celular, que no sirve para llamadas al exterior, y me tranquilizó un poco. Por la noche preparamos nuestras mochilas, mañana partiremos con nuestro amigo Raúl C. Destino: Foz de Iguaçú, donde esperamos renovar los papeles de turistas.
Luego de veinte horas de viaje en dos buses distintos, hoy, a las ocho de la mañana, nos enderezamos como pudimos en la terminal de Foz de Iguaçú. Un bus local nos llevó a la frontera con Argentina, nos esperó para hacer los pelpas, y nos dejó en el centro de Puerto Iguazú. Nos alojamos en el hotel Paraná, que fué el primero que encontramos. Qué curioso, ahora me parecen baratos los hoteles argentinos. Y también los restaurantes. Desayunamos en una confitería cercana, hicimos tiempo hasta el almuerzo. Cada uno pidió su plato argentino favorito. En mi caso, mi segundo plato favorito, porque no había ni dorado ni surubí. A la siesta nuestro compañero se fue a descansar, y nosotros partimos en un colectivo local a conocer la Casa de los Pájaros. La tal casa es un proyecto de recuperación de aves silvestres al que han bautizado Güira Oba, que supongo quiere decir Casa de los pájaros. Más o menos interesante, pero entre la selva misionera, rodeados de mariposas. Antes de cena hablé con mi madre, la encontré sola, por lo que hablamos larguísimo rato. La cena consistió en la ya mencionada parrillada, no demasiado buena a mi parecer. A dormir en una cama, ¡Qué placer! |
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Desayuno, algo pobre, y nueva visita al aeropuerto en kombi. Esto de las kombis es gracioso. Les dicen "lotaçao". Uno se para más o menos en la parada del colectivo, y llega una kombi con un morocho gritando por la ventanilla de la puerta corrediza los destinos. Esto se repite en casi todas las esquinas hasta que uno se baja. Claro, seguro que el morocho continúa gritando. Pero uno ya se bajó. La gente de aquí prefiere este medio de transporte. No alcanzamos a entender porqué. Los "ónibus"son buenos y baratos, algunos tienen aire acondicionado. Otra vez en el aeropuerto, compramos los pasajes a Noronha. ¡Ya los tenemos! Para los que no sepan: Fernando de Noronha es un peqeño archipiélago, de origen volcánico, a unas 330 millas marinas de Recife. En medio del Atlántico, a unos cuatro grados al sur de la línea ecuatorial. Parque Nacional Marinho, lugar de reproducción de tortugas marinas, paraíso del buceo. Depende administrativamente del estado de Pernambuco, aunque Rio Grande do Norte está más cerca. Solucionado lo de los pasajes, nos tomamos otro colectivo hasta el centro histórico. Lindo, aunque hay pocos edificios históricos, generalmente del siglo XIX. Unos cuantos en restauración, calculamos que en unos años va a ser muy interesante. Visitamos la primer sinagoga de las Américas, (entre 1637 a 1644). En esa época la zona fue regida por la Compañía de Indias Holandesa. Como los judíos tenian libertad religiosa en Holanda, se establecieron aquí unas seiscientas familias, emigradas de Portugal a Amsterdam, y luego aquí. Formaron la congregación Kahal Zur Israel. Vivieron felices, pero no para siempre. En 1654 los portugueses recuperaron la zona, y llegó la Santa Inquisición, el cristianismo, cuándo no, a joder la vida de la gente. Otro colectivo nos llevó a Olinda. Dice un folleto que pescamos por ahí, que el fundador, que desembarcó primeramente en la Isla de Itamaracá, al llegar a la colina donde se asienta la ciudad exclamó: Oh! Linda situaçao para una vila. Eso fue en 1676. Hay muchas iglesias, coloridas construcciones coloniales, todo desparramado en calles empedradas que subimos y bajamos bajo el sol ardiente del nordeste brasilero. Ya destruidos, luego de breve almuerzo, nos volvimos a nuestra posada. Por error nos bajamos un poco antes, lo que dió para conocer la playa, que parece muy buena, con arrecifes que detienen las olas y forman piletas de aguas más cálidas. Recibimos en ese rato, dos fuertes chaparrones tropicales. Mañana iremos al famoso Porto de Galinhas, con equipo de buceo libre y cámara sub. |
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Donde llegamos tarde es a Porto de Galinhas. Veamos. Luego del desayuno, otra vez al aeropuerto, que parece ser el lugar por donde pasan todos los buses. La empresa Princesa nos llevó en una hora y media. No alcanzamos a llegar y ya nos subimos en una jangada, que nos arrimó a las piscinas naturales, que están bien cerca. Pero la marea ya era demasiado alta, casi no se veían los peces, de fotos submarinas ni hablar. Al rato, ya en la playa nos corrió un chaparrón hasta un restaurante lindo, con vista al mar. Era temprano, optamos por unos "petiscos": unos filetitos de pescado, fritos, con dos cervezas. |
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Caminamos un poco por la villa, compramos camisetas con dibujos bien alegres y coloridos. Un cangrejo para mí, y una gallina buceando para Gloria. Claro, con el nombre que tiene la villa, hay dibujos, estatuillas, ceniceros y lo que sea con gallinas esculpidas, pintadas, modeladas, impresas. Aclaración: jangada no es un montón de troncos arrastrados por el Paraná con un jangadeeeerooo folclórico encima. Es una embarcación plana, sin borda alguna, rústica, de madera, con un banco de palo para sentarse, y poco más de un timón y una vela. Se usaban para la pesca, aún mar adentro. Ahora llevan giles: nosotros los turistas. Hemos vuelto a nuestra posada. En la esquina hay una feria artesanal, cuándo no. Iremos a comernos algunas artesanías de buen aspecto y olor que vimos ayer. Tambien ayer, en esta feria, escuchamos que "u ministru d'economía, d'Ajyenchina, Jenes Lenicovi, dimitiú". No queremos imaginarnos el bolonqui que habrá por allá.
Hoy, como a las tres de la tarde, Varig Nordeste intentó llevarnos a la isla, pero las condiciones del clima eran muy malas y terminamos en Natal, otra vez en el continente. Al principio todo el mundo enojado, pero se nos pasó cuando nos alojaron en el Hotel Pirámide, el mejor de Natal, cena y desayuno incluídos. Nos dimos un breve baño nocturno en una de las piletas, cenamos cuanto quisimos y ahora vamos a acostarnos en una de las dos camas matrimoniales que nos ofrece nuestro cuarto.
Después de tomar un copioso desayuno pago por Varig Nordeste en el Hotel Pirámide, partimos a mediodía y en cuarenta y cinco minutos avistamos la isla, donde eran casi las dos de la tarde, gracias a la hora a sumar a causa del huso horario menor del archipiélago. A la vuelta llegaremos al continente, como es lógico, a la misma hora en que salgamos de aquí. El viejo 737 dió una amable vuelta panóramica a la isla. Un buggy con cartelito de taxi nos trajo hasta la Vila do Trinta, donde por descarte nos hemos alojado en la Pousada Dilmares. Aprovechamos el resto del día visitando la Vila dos Remédios, próxima, averiguamos para el buceo y reservamos un buggy para recorrer la isla a nuestro gusto mañana.
Temprano partimos con nuestro autito hacia Praia de Atalaia. Aia, no habremos partido tan temprano, nos tocó entrar últimos en el último grupo. Sólo dejan entrar cuatro o cinco grupos de veinticinco personas cada grupo, para preservar la piscina natural. La piscina no es muy grande, pero es como meterse en una gran pecera, llena de peixinhos y corales de los más variados colores. Una maravilla. De allí partimos a Playa do Leão. Extensa, rojiza, de ondas fuertes, muy linda, es local de desove de las tortugas marinas. Hay estacas numeradas que señalan cada nido. |
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Otra vez en el buggy, luego de un baño de mar. Visitamos la Ponta das Caracas y el Fuerte de São Joaquim do Sueste, del que no hay ruinas, pero tiene buena vista de la Bahia do Sueste. Nuevo tramo en buggy, hasta Bahia do Sancho. Dicen que es la más bonita de Brasil, lo que para un brasilero significa la más bonita del mundo. Se llega hasta la playa descendiendo por una grieta, obscura, húmeda y estrecha, donde han instalado dos escaleras de hierro, a esta altura bastante oxidadas. A la playa no le falta nada: los farallones de piedra, un salto de agua, árboles, buena arena, agua verde y transparente, peces y corales. Con máscara y snorkel, hemos visto hasta una raya, haciéndose la boluda en la arena blanquísima del fondo. Vuelta a los escalones y escaleras, seguimos de turneé hasta el fuerte de Boldró, donde además de tomar unas cervezas apreciamos la puesta de sol, cosa que es una tradición por aquí. |
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Vueltos a la posada, nos bañamos y salimos otra vez. Visitamos una tercera operadora de buceo, con lo que completamos nuestra encuesta de precios. Ya decididos, contratamos, como de costumbre, con la más barata: Noronha Divers. Cenamos en el Restaurante Tartarugão. Estamos destruidos. Entre el buceo, el sol, las sendas resbaladizas por el barro, las subidas y bajadas hemos quedado para el tacho de basura. Ya llega la hora de la cama, por suerte.
Contratamos el paseo de barco en la posada de enfrente, de Monsieur Rocha, de quien más tarde descubrimos que no sabe una palabra de francés y es más brasilero que el samba. Fuimos a pagar el futuro buceo, y de allí visitamos la playa próxima, Cachorro. A la que se llega por el correspondiente montón de escalones. De allí un sendero nos aproximó hasta la playa de Conceição, pero no llegamos. A la una, desde el cais (muelle) del porto, partimos en nuestro barco a pegar una ojeada a las otras islas del archipiélago. De nuevo en la isla principal, avistamos las playas del mar de dentro, o sea el que dá al continente. Estas son, por orden de aparición, Cachorro, Meio, Conceição, Boldró, Americano, Bode, Cacimba do Padre, Bahía dos Porcos, Bahía de Sancho, Bahía dos Golfinhos. Allí tuvimos la suerte de avistar los delfines (golfinhos) haciendo piruetas en la proa del barco. Los delfines de esta especie tienen la costumbre de rotar sobre ellos mismos, y mostrar su panza blanca a los turistas. |
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Luego avistamos el Portão, hueco desde donde se vé el mar de fora, que me recordó a la Portada de Antofagasta, en Chile. En el regreso paramos en Bahía de Sancho, para buceo libre. Esta vez ubicamos unos bonitos corales y otros peces que no habíamos visto en nuestra visita por tierra. Vuelta al muelle, baño y cena de peces (barracuda y xeré) en el Restaurante Gameleira. La gameleira es como un gomero, de hoja chica, pero con raíces aéreas que cuelgan como barbas. A dormir. Tengo algunos músculos en estado de huelga.
Escribo estas líneas despues del desayuno. A la una nos pasan a buscar para el buceo con tubos. A Gloria, experta, le tocan dos bajadas de unos treinta minutos. A mí, el batismo, o sea el bautismo, con todas esas porquerías que usan los buzos. A la tarde contaré la novedad, si no quedo en el fondo. Como se puede deducir de esta continuación, não me afogué nem um poco, não. Primero fuimos hasta la pared de Ilha do Rato, Paredão das Cagarras, donde los expertos, entre ellos Glo, hicieron su primera inmersión. De allí nos transladamos a Ressurreta, donde me tocó el turno junto con otros cuantos giles. La experiencia me resultó más fácil que con snorkel, al que siempre me las ingenio para llenar de agua. Claro que el instructor me llevó como a una valija, lo que facilita las cosas. Ví un tiburón, me harté de ver peces de todos los colores y tamaños. Me perdí ver una langosta. Vueltos a la superficie, los expertos partieron para su segunda inmersión en ese mismo lugar. Menos mal que a mí no me tocó en el Paredão das Cagarras... Retornamos al muelle de noche, ahora iremos a festejar a un buen restaurante. |
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Por la mañana, caminamos algo y visitamos las playas de Meio y Conceição. Bonitas, llenas de corales, con los consabidos pecesitos, y unos cangrejos negros, no muy simpáticos. Al volver, el vecino nos avisó que habría nacimiento de tortugas. Esto es porque, si no han nacido a los 50 días del desove, los técnicos del Projeto Tamar abren los nidos. Así que alquilamos de nuevo el buggy, y luego de visitar las playas de Bode y Cacimba do Padre, llegamos por segunda vez a Praia do Leão. Ya la gente del Ibama había trazado unas líneas en la arena, a modo de peatonal para tartaruguinhas, que los humanos no podíamos pisar. Partieron las totuguitas como en los documentales, y claro, algunas no sabían de peatonales y agarraron para donde se les antojó, hubo que apartarse. Un espectáculo emocionante. El día no ha terminado, nos falta cenar. |
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