Diario de
anarres
EUROPA
 |
La
Toscana El Véneto, La Liguria,
Siena Grecia Viena y Budapest Milan y Roma |
|
|
|
Copio partes
del diario de viaje, que es bastante más largo, pero, ya que lo
escribí, los que sean amigos de la lectura indiscriminada, pueden
derrochar su tiempo leyéndolo. Los lectores críticos... abandonad
toda esperanza al entrar aquí. Será mejor para éstos que
lean una novela de Saramago, recién muerto y ya criticado por
L´osservatore romano. (ver artículos del diario El País
aquí)
|
Viena, 4 de junio de 2010, por la
noche El vuelo desde Atenas fue excelente. Aegyan Airlines, buena
compañía, hasta azafatas lindas, por no hablar del morfi. Dos
horitas para el recorrido. En el aeropuerto tienen buena información
turística. Así que en un bus y algo de metro, que tiene unos
delirantes nombres de estaciones en alemán, imposibles de retener,
más unas cuadras remolcando los petates, llegamos a nuestro hotel. El
Eurostar Hotel, cuatro estrellas no muy brillantes pero cuatro al fin. Tenemos
una linda habitación, y hasta hay piscina cubierta, aunque no creo que
lleguemos a usarla. Baño general, y salimos como a las nueve de la noche
hacia el centro, en el tranvía. Casi muy tarde para las costumbres
locales. Nos pasamos de la estación Schotentor, y el tram casi nos
devuelve al hotel antes de darnos cuenta. En la segunda vez nos salió
bien. Sin pagar en ningún caso, por sugerencia de una parejita de
chicas. Muy argentinos. Caminamos algo, sin rumbo, a lo largo de la avenida,
con buena iluminación de los edificios históricos. El paseo
también tenía la intención de encontrar dónde
comer. Luego de algunas indecisiones, no muchas porque a esa hora quedaban
pocas opciones, nos sentamos en un restaurante italiano bastante elegante a
festejar el cumpleaños de Enzo. Buena cena y momento agradable.
|
|
|
Viena, 5 de junio de 2010
Hoy aprovechamos ampliamente el magnífico desayuno que ofrece el
hotel. Deglutimos lo tradicional, cereales, yoghurt, y además
salchichas, fiambres, huevos revueltos, de todo. A las ocho ya estábamos
en el centro. Muy bonito. Dimos unas vueltas, cambié unos cheques y nos
subimos al campanario de la catedral. Iglesia gótica, muy buena vista de
la ciudad. Unas cuadras más, y, caminando por el centro, llegamos al
museo Leopoldina. Finalmente no entramos, vaya uno a saber porqué.
Cruzando el parque, arribamos al Kunsthistor Museum, enorme. Nos atragantamos
de obras de arte: Durero, Hölderling, Velázquez, Tintoretto,
Caravagio, cientos más. Aquí debo confesar que tanto santo y
tanto cristo me confunden, por no decir que me aburren profundamente. Menos mal
que por ahí esta mi amigo Peter Brueghel. Uno alegre. |
|
|
| De vuelta en la Theresenplatz,
rumbeamos para el palacio imperial, pero está dividido en varios museos
no muy interesantes. Desistimos. Afuera, en la inmensa plaza hay montones de
orquestas con sus distintos uniformes, quizá se trata de alguna clase de
competencia, no averiguamos. Por el momento ninguna toca, una lástima.
Yo cargoseo para visitar el museo de arte moderno, que no está lejos. El
Mumok no resultó muy bueno, salvo por el shop de baratijas de buen
diseño, y dejamos allí algún euro. Otra vez la
Theresenplatz. |
 |
| Descanso en el hotel, y a las nueve
había concierto, con entradas ya compradas. Así que salimos con
tiempo suficiente, como para ir a comprar los pasajes a Budapest, morfar y
llegar tranquilos y a horario. Hasta pagamos el pasaje del metro. Compramos los
pasajes en tren de alta velocidad pero nos atrasamos, así que ni
comimos, ni llegamos tranquilos. Sólo a tiempo. Así que
después del concierto, hecho a base de compositores vieneses, por fin
comimos. Que no sólo del espíritu se vive. Hot dogs en un carrito
callejero, excelentes. Con gorda austríaca medio mala onda atendiendo y
todo.Yo me había pasado el dia reclamando ese menú, mas que nada
por joder y divertirme un poco, pero lo que era broma, resultó buena
idea. Después, pizzería en el centro. Muy buena la pizza y mejor
aún cerveza. Volvimos al hotel en el tram, sin pagar, como de costumbre.
|
|
|
Budapest, 6 de junio de
2010 Desde Westbahnhoh, Viena, llegamos a Budapest en unas dos horas.
Estamos instalados en el hotel Regency Suites, con grandes habitaciones,
curioso estilo de amoblamiento, nada espectacular. En la tele no se entiende
absolutamente nada. Ya que el tiempo disponible no era mucho, luego del
almuerzo nos hemos subido a una de esas líneas de buses
turísticos, que te zangolotea por toda la ciudad. Uno se sube, se baja
donde quiere, y espera el siguiente.
|
|
|
| Nos bajamos en el Bastión de
los Pescadores, desde donde se vé toda la ciudad. Incluyendo el famoso
Puente de las Cadenas, que no nos ha parecido nada del otro mundo. El bus
paró luego unps cinco minutos en la cima de una colina, momento que
aprovechamos para unas fotos más de la ciudad, y para la compra
reglamentaria: unas camisetas de Budapest. Comimos en el mismo restaurante que
al mediodía, muy bueno y de precio razonable. Perdí la tarjeta,
pero recuerdo que la traducción del nombre es: Lugar de la
cerveza. La cerveza húngara, dicho sea de paso, me gustó
mucho, y le hice honor. |
|
|
| Mañana partiremos, me
quedará la duda acerca de si Budapest no se merece otro día de
visita. La ciudad, algo deteriorada por los años de imperialismo ruso,
está en reconstrucción. Cosa a la que los budapestianos, o como
deba decirse, están muy acostumbrados. Parece que cuanta guerra hubo,
antigua o moderna, pasó por aquí, y los dejó con sus
edificios a la miseria. Mañana, si logramos subirnos a algún
avión, estaremos en Milano. O donde se pueda. |
 |
|
   |