Diario de
anarres
EUROPA
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La
Toscana El Véneto, La Liguria,
Siena Grecia Viena y
Budapest Milan y Roma |
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Copio partes
del diario de viaje, que es bastante más largo, pero, ya que lo
escribí, los que sean amigos de la lectura indiscriminada, pueden
derrochar su tiempo leyéndolo. Los lectores críticos... abandonad
toda esperanza al entrar aquí. Será mejor para éstos que
lean una novela de Saramago, recién muerto y ya criticado por
L´osservatore romano. (ver artículos del diario El País
aquí)
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Milano, 07 de junio de
2010 Muy temprano, como de costumbre, nos presentamos en el aeropuerto
de Budapest: Feriheghy. Conseguimos los pasajes más caros de nuestro
recorrido, por Lufthansa. Con el destino que deseábamos: Malpensa,
Milano. El vuelo tomó una hora y treinta y cinco minutos, con buena
vista de los Alpes. Una amable milanesa, es decir, una señora de
Milán, nos guió todo el trayecto, que incluyó dos metros,
es decir dos subtes, hasta un hotel céntrico. Que resultó
carísimo, así que buscamos otro en las proximidades. Y sin mucho
cuestionarnos nos metimos en este tres estrellas, que más bien es tres
cucarachas, pese a las *** de la puerta. Al menos nos ha tocado cama y
baño limpio, aunque a Enzo y Marcela solo les tocó cama limpia.
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| El Duomo, la
Galería Vitorio Emanuelle y Michelangelo |
| Visitamos el duomo, la
Galería Vitorio Emanuelle, pasamos por la Opera, bastante fea. Comimos
helados en la Gelatería Grom. Mientras Enzo y Marcela recorrían
los innúmeros negocios céntricos, con Gloria descansamos nuestros
pieses en una confitería. Sentados afuera, mirando pasar
todo tipo de gentes, confieso haber sido infiel a la cerveza Nastro Azurro y a
la Perini: me tomé un Martini bianco. Algo más tarde, ya de
noche, comimos muy bien cerca del hotel, caminamos un poco más, y
retornamos a nuestro tres cucarachas, que ni siquiera es barato. La
recepcionista de la noche nos dejó polemizando, no hemos podido ponernos
de acuerdo acerca del sexo al que pertenezca, ni siquiera asumiendo que hay mas
de dos. |
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| Vitral del Duomo,
sin y con psicodelia |
Monsummano Terme, 8 de junio de
2010 - Un regreso y dos partidas Hoy, sin prisa pero temprano, fuimos a
la estación central de trenes de Milano, y nos subimos a uno de alta
velocidad con destino a Firenze. Cambiamos al regional,y luego un taxi nos
dejó en casa de Paolo y Nella. Hicimos un almuerzo muy tardío,
según Nella improvisado, según mi versión todo lo
contrario. Descansamos, y cuatro horas después nos sentamos nuevamente a
la mesa de Nella y Paolo, ahora con Nino y Silvana. Es, la cena de despedida.
Mañana partiremos: Gloria y yo hacia Roma, Enzo y Marcela a Sicilia,
donde tienen que hacer unos trámites. Los caminos se bifurcan, luego de
unos veinte días de andanzas compartidas. Nos reencontraremos en Roma.
Después de cena, hicimos finalmente un paseo que deseábamos hacer
desde que lo vimos apenas llegados: en funicular a Montecatini Alto. Es un
paseo breve pero divertido, en un carromato rojo furioso, de 1898, que sube a
una velocidad poco acorde a sus años. Es decir, a los piques. Hay que
ver cuando se cruza con el vagón que baja. Montecatini Alto es tan
encantador como Montecatini Terme, pero más viejo. Al regresar, con
Gloria nos instalamos en el balcón delantero del
vagón, y apreciamos plenamente la emoción de la bajada. |
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| Montecatini
Alto |
Roma, 9 de junio 2010
Primeras impresiones Nos despedimos tranquilos de tan buena familia y
gentes tan agradables como Paolo y Nella, que durante unos diez días
supieron ser tan excelentes anfitriones. No hubo forma de evitar que Paolo nos
llevara hasta la estación del tren. Nos abrazamos con verdadero afecto,
y una vez más, en el tren regional, nos presentamos en Firenze, para el
tren de alta velocidad. Por primera vez, partimos con atraso. Y considerable:
algo más de una hora. Pero llegamos antes de mediodía a Roma
Termine, y allí mismo elegimos un hotel en la agencia de reservas. Nos
salió bien, el Hotel Giglio dell´Opera, es bueno, antiguo como la
mayoría de los del barrio, a 85 euros la doble. Almorzamos mal en el
restaurante vecino, y nos largamos a recorrer a pié la ciudad eterna.
Así le dicen. Pasamos por Santa María Magiore, a dos cuadras de
nuestra residencia. Después, sin mucha idea del rumbo, por la Vía
de las Cuatro Fontanas que se continúa en la Via Sistina, llegamos hasta
la parte alta de la Plaza España, sin saber dónde
estábamos. Desandando el camino, encontramos la Fontana de Trevi.
Volvimos al barrio en metro, nuestro primer viaje. Comimos unos buenos panini
en la estación Roma Términe, pero con cerveza en lata. |
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| Santa María
Magiore, callecitas de Roma y la Fontana de Trevi |
Roma, 10 de de junio de 2010
Hoy tenemos: Roma Antica Hoy descendimos nuevamente las
laberínticas escaleras (están de reforma) de la estación
central. En unas pocas estaciones, llegamos a Colosseo. Apenas emergimos de las
profundidades, vimos nuestro objetivo, el coliseo romano. Magníficas
ruinas, masivas, impactantes. Entrada, euros quince. El recorrido es
apasionante, la arquitectura monumental. He tomado montones de fotos. A la
salida, algo cansados ya, continuamos. |
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| Con la misma entrada se visita el
foro, allí fuimos. Entre templos, la casa de Augusto, los jardines, y el
foro propiamente dicho, ni sé muy bien cuál era cual, y quedamos
destruidos. Me impactó la cantidad de niveles: Cuando uno cree estar a
nivel del terreno, descubre que hay tres o cuatro niveles transitables por
debajo. Y un par o algo así por encima. Claro que la topografía
ayuda, las famosas colinas. |
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| Tal como nos sucedió en la
Acrópolis, el paseo por el foro me ha permitido imaginar a las gentes de
la época paseando por allí. Los emperadores, los senadores,
togados, debatiendo importantes cuestiones para la república, o el
imperio. Catilina jodiendo con que hay que destruir Cártago, y recordar
la famosa respuesta que es una de mis frases favoritas en latín:
¿Quosque tandem Catilina, patientiae nostra abutandis? Y si no
está bien escrita, no importa, así la recuerdo. |
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| Volvimos en el metro, al hotel.
Mientras Glo se dormía una siestita, aproveché el
fresco (unos 30° creo) para llevar nuestra colección de
mugre internacional a la lavandería. Por cuarenta pesos argentinos, todo
lavado y seco. A la vuelta descansé un poco y partimos a recorrer el
itinerario 2 de nuestra recién adquirida guia de Roma: Isla
Tiberina. |
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| Ocho del
foro |
| Había que ver el Tiber, que
es uno de esos rios que uno debe ver, aunque nunca supe bien porqué. Lo
vimos, otro gesto turístico cumplido. No cruzamos a la Isla Tiberina, a
la que habíamos llegado luego de bordear el Circo Massimo, que es
sólo pasto. De alli cruzamos el gheto, donde algunos papas caritativos
apilaban a los judíos, que ya se sabe, no merecían otra cosa que
unas tierras inundables en aquella época. No se crea que los ghetos los
inventó Adolfo Hitler. Llegamos al monumento a Vitorio Emanuelle, medio
torta de bodas pero imponente. Agotados y sedientos una vez más, y pese
a una escala cervecera en el gheto, nos sentamos en un restaurante al costado
del foro, a comer y beber otra vez. Yo pedí unos fideos alla carbonara.
Estaban buenos, pero nunca como los de Nella, en Monsummano Terme. Desde el
restaurante, vista al foro. Completamente agotados, la línea B del metro
nos dejó en la cama. Bueno, cerca de. |
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| La tarde del
jueves 10 en Roma |
Roma, 11 de junio de 2010
Al sur, Pompeya Debería decir Pompei, o Pompeya, que es donde
pasamos el día. Con el acostumbrado madrugón, luego del desayuno
algo pobre del hotel, nos subimos a un tren intercity. En dos horas estuvimos
en Nápoles. No se crea que este tren viaja despacio, simplemente para
varias veces, mientras el AV no lo hace. |
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| En un instante encontramos el
metropolitano Circunvesuviana que nos llevaría en cuarenta
minutos a las ruinas. Pero nos llevó algo más. Por preguntar
tomamos uno levemente equivocado, que iba a Pompei, pero donde está la
iglesia y no las ruinas. Hay una bifurcación antes de ambas. Para
remacharla, cuando señalaba a Glo el error cometido, un morocho nos
insistió que Pompeya era en dos estaciones más. Un poco para no
desairarlo y otro poco porque sí, llegamos hasta la Pompeya de la puta
iglesia, y sin salir de la estación volvimos a Torre Anunziatta, desde
pudimos tomar otro tren a nuestro destino: Pompei Scavi. |
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| Entrada a las ruinas: doce euros por
cabeza. A poco de entrar, descubrimos que muy bien invertidos. Ruinas
impresionantes. Imágenes estremecedoras. No es fácil ver animales
y personas (no son muchas) convertidas en piedra por gentileza del Vesubio.
Irónicamente es la desgracia de Pompeya la que la ha convertido en
patrimonio de la humanidad. Caminamos más de cuatro horas bajo el sol
calcinante y el calor agobiante que aportan las ruinas. Nos repusimos a la
salida, con las infaltables cervezas. Otra vez la Circunvesuviana, sin
problemas. Y el Frecciarrosa, alta velocidad, una hora en Roma, dormí
todo el trayecto. Roma: Pizza, más birra, cama, nunca tan
apreciada. |
Roma, 12 de junio de 2010,
sábado. Turismo ateo: El Vaticano El consabido madrugón,
un viaje en el metro, ya incorporado a nuestras andanzas, unas pocas cuadras,
el consabido arco, y estamos en la Piaza de San Pietro. Es tal cual se la ve en
la tele, cuando el cura sale a hablar bullshit, o sea, pamplinas. Pavadas, en
lenguaje llano. Hicimos la cola: mitad de la circunferencia de la plaza.
Decidimos visitar la cúpula, quizá por esta vocación
adquirida en este viaje: escaladores de escaleras. Y aunque tomamos el ascensor
(unos euritos más) a continuación gozamos de los trescientos
sesenta escalones que te llevan a la base de la linterna, entre ambas capas de
la cúpula. Bonitas vistas, tanto del interior como del exterior. Hecho
el recorrido inverso, sobre una terraza donde aparecen varias linternas
menores, encontramos el religious-shop. Compramos algún encargo. |
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| Abajo. A caminar por dentro. Enorme
es una palabra medio escasa, cuando se la aplica a la basílica.
Caminamos un rato, vimos La Pietá atrás de un vidrio, hicimos
todo lo que un turista debe hacer, y una vez hecho, nos fuimos. Como hizo Dios
después de hacer el mundo. Siguen unos quinientos metros de cola, para
entrar a los museos del vaticano. Infernal laberinto donde siguiendo la flecha
se atraviesa en completo desorden y con la compañía de una
multitud todos estos museos, sin saber muy bien cuál es uno y
cuál es otro. Y por el mismo precio la capilla sistina, que se distingue
por su sobriedad y simpleza del resto de riquezas y arte acumulado sin ton ni
son. Monumento a la avaricia, al poder al egoísmo, a la vanagloria. En
resumen a la estupidez humana, aunque sea mostrando la sublimidad del arte
humano. El lobo disfrazado de cordero. En algún momento llegamos a otro
cristoshop, más grande que los diez anteriores, por lo que supimos que
estabamos cerca de la salida. Con lo que atravesamos el último tramo de
este sinuoso sistema digestivo y fuimos defecados en la vereda. Mismo
tratamiento para ateos y crédulos de todas clases. Depuestos y con
dieciocho euros menos. Ah, preguntan si vimos cosas maravillosas. Claro que
sí, los ojos agradecidos. Lástima el mar de japoneses haciendo la
V delante de la Nikon. Bueno, y algún argentino molestándolos a
ellos. Demasiada gente, aún para tanta belleza. |
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Roma, domingo 13 de junio de
2010 Hoy salimos algo más tarde, con intención de un
paseo relajado, no resultó tan así. Desayuno, subte,
estación Circo Massimo. Unas cuadritas y estamos en las termas de
Caracalla. Otras ruinas masivas, como el Coliseo, que permiten apreciar
aún hoy, muchos siglos después, la magnificencia de la
arquitectura de las culturas precristianas. La siguiente idea del día
fue explorar la Via Apia Antica. Después de un breve extravío
recuperamos el rumbo. Comenzamos el recorrido, pero poco después
decidimos internarnos en el Parque de la Vía Apia Antica. Y no
resultó muy interesante, mas bien unos campos medio abandonados, donde
apenas despertó nuestra atención el Templo del Dios Rediculo,
protector de los viajeros, que no es tal, sino la tumba de una dama antigua.
Eso sí, caminamos kilómetros y kilómetros, dentro del
parque y fuera, hasta que una estación del metro A nos permitió
volver al hotel. Nos recuperamos a base de aire acondicionado y cama. A la
tarde, el metro, donde ya nos conducimos como verdaderos romanos, nos
llevó a Plaza España. Recorrimos un poco, subimos en el ascensor
hacia los jardines Borgheses. Agradable paseo dominguero, lo recorrimos casi
completamente y por último, aprovechando la pendiente, rumbeamos para
Piaza del Popolo. Nos quedamos largo rato contemplando la gente, sentados por
allí, a la vera de una fuente. En las proximidades del metro compramos a
un africano varias carteras de marca. Gloria se encargó de
la negociación, que no fue muy interesante, pues nuestro negrito estaba
demasiado entregado. Poca emoción. Cena de pastas en nuestro bar y
restaurante Il tavolinetto donde ya somos clientes, y los mozos ni
nos preguntan qué vamos a tomar. |
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| Cosas que vimos en
Roma |
Roma, lunes 14 de junio de
2010 Vida cotidiana: el Trastevere Aprovechando que hoy lunes no
hay museos ni ruinas abiertas, decidimos visitar el Trastevere. Así que
nos subimos, mas bien bajamos, al metro B, hasta el Circo Massimo. Caminamos
hacia el Tiber. En el camino metimos lamano en la Boca de la Verdad. Logramos
eludir el pago de la modesta entrada. Cuando metí mi mano, dije:
Yo pagué entrada y la boca no me la comió. Por tanto
no es cierto que te coma la mano si mentís, con lo que quedamos
empatados por la falta de pago. Sin mutilaciones, llegamos al Trastevere. Que
recorrimos infatigables, de acá para allá. A la entrada me
encontré con la estatua de un viejo conocido, el poeta Belli. Digo viejo
conocido porque hace muchos años leí la novela Llueve en Roma, de
Anthony Burgess. Y Belli juega un papel importante allí. Muy agradable
el barrio, aunque los comercios para turistas lo hayan invadido. Tomé
muchas fotos. Ya que no estábamos tan lejos, nuestras fatigadas piernas
nos llevaron hasta Piaza Navona, con sus tres fuentes. Entre la plaza y un bar
cercano, se nos fue la tarde. Volvimos en el metro al hotel y por
último, pero no menos importante, comimos en El Tavolinetto. |
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| Ventanas de
Roma |
Roma, martes 15 de 2010
Se acaba Y sí, mañana se acaba la joda. Ya hemos
organizado un poco las valijas. Hoy el paseo consistió en la visita al
Museo Romano. Excelente museo, nos llevó buen rato recorrerlo.
Esculturas, mosaicos, constituyen lo más importante de la
colección. En el subsuelo encontramos una muy buena exhibición de
numismática. Y una no menos impresionante momia de una niña, la
única momia romana. |
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| En el camino, olvidé
escribirlo antes, sufrimos un intento de cuento del tío. Bien
argumentado, para recibir dos camperas Armani, había que colaborar con
unos pocos euros para el diesel del auto de nuestro estafador. Huimos
despavoridos. La huida nos impidió saber de qué manera nos iba a
despojar de nuestro dinero. Otra novedad: como el museo queda a muy pocas
cuadras del hotel, no fuimos ni volvimos en metro. Por la tarde, visitamos por
segunda vez la Fontana de Trevi. Nos bajamos del metro en Barberini, saludamos
al Tritón de la fuente del Tritón, y nos sentamos
larguísimo rato a contemplar la maravillosa fuente, y a los turistas.
Volvimos a Barberini, con intención de caminar la elegante (dicen) Via
Veneto, pero desistimos rapidamente a causa de una llovizna escasa y un
cansancio abundante. Nos hemos despedido de los mozos de El Tavolinetto. Hay
que dormir, mañana nos espera un día bien duro |
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