Diario de anarres

Mesa de saldos

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Cansado de escribir el diario de viaje de un viaje que se transformó en idas y venidas, inventé esto de la mesa de saldos, lugar adecuado para unos disparates de distinto tamaño, todos ellos prescindibles, pero a buen precio, por sólo lo que cuesta el proveedor de internet. En "The sheltering sky", gran película de Bernardo Bertolucci, uno de sus personajes dice que viajero es aquel que no piensa en el regreso, y turista el que sabe que habrá una vuelta a casa. Así es que la única originalidad que nos cabe es que nos sentimos turistas de jornada completa, pues no logramos discernir cuál es nuestra casa, si aquí o allá. Si estámos aquí, anhelamos nuestra casa de allá, cualquiera sea el allá. Para certficar todo esto, va documento del firmante, conocido de mí, doy fé. A los 18

De las idas y vueltas:
Nunca me detuve a relatar algo de nuestras idas y vueltas. Esto es una de las idas típicas: Comienza días antes, repartiendo dinero para que en nuestra ausencia se paguen las cuentas. Esas que la civilización impone. El día de la partida, bien temprano, emprendemos la marcha, despidiéndonos al pasar de las playas preferidas. Puede que en un mirador próximo al puerto le dé una última mirada al velero anarres, que queda bajo los cuidados del marinero Ricardo. Poco después de abandonar el municipio, hacemos la subida al Vale de Paraíba, y por la autopista Ayrton Senna llegamos a São Paulo. Ahí nos perdemos cuando intentamos tomar el Rodoanel (circunvalación) pero hay un retorno cercano. A la salida de la capital de América del Sur, cargamos gasoil e iniciamos la larga bajada de la sierra. Cuatrocientos kilómetros más allá, abandonamos la autopista a Curitiba, y hacemos la circunvalación, que nos deja prontos a continuar con rumbo sur. Si hay suerte al anochecer llegamos al Posto Dragão (Dragón) que tiene unos baños individuales (nada de hacer esto aquí y lo otro más allá) impecables. El posto queda en medio del las serranías del interiór de Paraná. Dormimos en la playa de camiones, el furgón parece un piojo al lado de los dieciocho ruedas. La cama del furgón es bien confortable, y además viajamos con nuestras almohadas favoritas. Segundo día: A poco de desayunar en el posto, se nos presentan dos opciones de rutas favoritas. Para no aburrir, describo una sola. Nos desviamos hacia Bernardo de Yrigoyen, por una bonita rura que bordea el límite de los estados de Paraná y Santa Catarina. Los paisanos que empezamos a ver ya son como al otro lado de la frontera: blanquísimos polacos o alemanes. La frontera de Bernardo de Yrigoyen no tiene muchas formalidades: ya estamos en la patria, y por unas cuantas horas el pasaje es del del las sierras misioneras. Luego viene el aburrido tramo de Corrientes, con poco para ver, y ya en Entre Rios el paisaje se vuelve más interesante. Pasamos el túnel bajo el Paraná, y continuamos hasta donde nos permita la luz diurna, en la ruta Santa Fé - Córdoba. Tercer día: el más liviano. Continuamos hacia Córdoba, la rodeamos, cruzamos las sierras cordobesas por las Altas Cumbres, y a la tarde llegamos, hartos de viaje, a Cortaderas, San Luis, donde nos esperan mis viejos. A veces no vamos a Cortaderas, sino directo a casa de la mamá de Gloria. Eso es más largo: cruzamos todo Entre Ríos y, lugo del puente Zárate - Brazo Largo, vamos cambiando de rutas (unas cuantas) para hacer el camino más corto a Coronel Suárez. Ahí sí que llegamos de noche y hartos de manejar.

Sorpresas te dá la vida
En nuestro último viaje, no todo salió bien. Cuando ya nos sentíamos cerca del arribo, en Villa Carlos Paz (lugar que nunca me ha gustado) nos embistió un ómnibus interurbano. Chotamente mirando la nada, y esperando que el semáforo nos diera su guiño verde, nos encontramos de pronto en medio de la avenida transversal, sacudidos por el apoyacabezas y los cinturones, en medio del inesperado y ruidoso golpe. Bajamos, los lentes de ambos desaparecidos, para ver de afuera el panorama desolador del furgon completamente arrugado desde el lado derecho trasero hasta la puerta del acompañante. Los damnificados eramos dos: nuestro vecinode semáforo tenía todo su lateral izquierdo hecho un estropicio. A quien lo hayan chocado no necesito contarle de la bronca, de la ignorancia de qué hacer, de las ganas de asesinar al chofer del ómnibus.

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Vino la cana, que en Córdoba no acepta exposiciones si no hay lesionados, o sea que no se sabe para que van. La ambulancia (yo me corté un dedo tirándole al chofer el vidrio partido de nuestro portón trasero) la tele y el diario local. ¡Salimos en la tele! ¡Qué lindo! Vino el agente de nuestra aseguradora, luego el auxilio. Fuimos a parar al taller de un chapista que al día siguiente nos desarrugó el guardabarro y ató la puerta con alambre para que pudiéramos seguir. Buscamos hotel, gastamos una fortuna en teléfono (para hacer muchas llamadas inútiles) cenamos sin ganas alguna cosa.

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Y la hago corta: viaje a Cortaderas, luego a Coronel Suárez, búsqueda de abogado, presupuestos, envío de cartas documento, cartas certificadas, más llamadas de teléfono. Total: parece que en mayo o junio recuperaremos parte del gasto de arreglo. El auto quedó bastante bien aunque hay una gotera en algún lado, que no podemos descubrir.

Hoy he vuelto al pago, después de larga ausencia ...
Aprovecho el feriado lluvioso para actualizar el site después de cuatro meses de abandono. Largos cuatro meses que empleamos en acomodar parte del departamento de Suárez, un paseo a la playa más cercana en bus, con visita al sobrino de Gloria, Diego y su familia. Hice un viaje a Cortaderas, sólo, y pasé unos quince días con mis viejos. Por fin, un poco antes de semana santa el chapista terminó el arrego, y anteayer, 19 de abril, por fin, llegamos aquí. Fin de un verano poco afortunado.

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