Diariode anarres

Mesa de saldos

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El primero de abril llegaron los amigos Laura y Marcelo. Dos días después nos fuimos a comer a casa de Yamandú, gran cacique yorugua, y Marcelo Saborido sacó estas fotos:

Casa de Tarzán Casa de Trazán
Cumbre del Mercosur Sede de la cumbre del Mercosur

Al día siguiente de la reunión del Mercosur (tres brasileros, tres uruguayos, cuatro argentinos) nos fuimos a navegar. Las fotos son nuevamente de Marcelo. Ya que las fotos son ajenas, nada mejor que un párrafo ajeno: de Laura Paternain, la otra visita, grata visita, junto a Marcelo, que por estos días se quedan en casa. (me parece que le salió demasiado largo...)

¿Quién dice que a nuestra edad la vida no depara grandes y satisfactorias sorpresas? Hoy hemos demolido otra virginidad!: la nevegación a vela. Salimos en el anarres. Después de tanto leerlo en la internet, verlo ahí anclado, subir a él y navegarlo, fue una emoción particular. Comprendí intensamente las limitaciones que noté en los diarios de Cristóbal Colón: una narración pobre, limitada, que no retrataba la magnificencia de los lugares que recorría más que en la frustración de no poder describirlos, comparando con las cosas conocidas y aplicando aumentativos, del tipo de "como los árboles de magnolias de la Plaza San Martín de la ciudad de La Plata", pero con hojas más grandes, y ramas más gruesas, que crecen más horizontales, y son más largas, y dan sombras más tupidas, etc. La unión de las fantasías que se han ido tejiendo a lo largo del tiempo con la realidad que se está viviendo suele producir turbulencias en las emociones. Sin embargo, para mi hoy fue simple: todo lo más lindo, divertido, sereno, placentero,...sucedió.

Un leve madrugón para no salir cuando el sol arrasa. Preparativos menores acá y allá que nos demoraron un poco, como es previsible.

Arrancamos con un sol que me atemorizaba, cubierta desde la cabeza hasta los pies con mi protector solar factor 65, gorro, mangas y pantalón largo y resignación a alguna coloradez que me atacaría inexorablemente aunque hubiese tomado precauciones.

Casa de Tarzán Casa de Trazán
Laura y Raul, cuestion de piel... diferente Capa de vela del anarres y "garota" Gloria

Marcelo llevó la cámara fotográfica y la filmadora: tenemos algunos registros que nos servirán para que lo que ahora sentimos inolvidable, permanenzca así indefectiblemente pese a los avances de la desmemoria que nos atacan. Nos entusiasmamos a morir, nos maravillamos de los paisajes y de una nueva perspectiva. Todo es grande, superverde, denso en la variedad de colores, y húmedo, super-húmedo. El viento traidor se retiró y nos hizo ir a motor, pero al volver pudimos probar la sensación de estar impulsados por el viento. Casi mágico el manejo de las velas, fuimos en las manos expertas de Raúl, y la oportuna asistencia de Gloria. Llegamos demasiado pronto a destino, al menos para quienes en todo ven novedades. Nos tiramos de cabeza del velero y fuimos nadando hasta la playa. Un chorro de agua dulce nos esperaba, donde yo apuré unos tragos de mi bebida favorita. Desde la playa también es otra visión, claro. El velero se veía espléndido, brillando sobre el turquesa-azul del mar. Buceamos entre las rocas con snorkel, vimos peces de colores, algas, corales, y ¡nuestros pies! que aparecen en esa visión de programa del National Geographic para hacernos reaccionar: ¡estamos nosotros ahí dentro!! Volvimos al barco para almorzar, y con la panza llena y el corazón contento, esta vez no tanto por los "sanduvas" (locución brasileña por sandwich ) como por el paseo, fuimos a dar una vuelta.

Casa de Tarzán Marcelo Saborido
Piscina natural de Anchieta ¡Intruso a la caña! ¿Peligro a vela?

Marcelo al timón, velas en alto, con cara de papá que regaló a su niño un Scalectrix. Mientras, se gestaba a nuestro alrededor una tormenta -casi perfecta-. Nubes grises, casi negras, azuladas, blancuzcas, capas de gris amenaza y truenos resonando a nuestra espalda. Un efecto atemorizante, aunque el estado de calma del capitán, y la felicidad de los tripulantes hicieron que nadie sintiera miedo, en lo más mínimo, y sí un placer maravilloso de dejarse mojar por la lluvia que comenzó y nos acompañó hasta el puerto. Resumiendo: ya estamos pensando en ahorrar, para volver a lo de Raúl y Gloria lo antes posible...¡Dios los ampare!!

Para más datos Marcelo hizo cuatro minutos de vídeo que da gusto ver

Recuperada la palabra luego de los textos de Laura, en mi calidad de webmaster, webdesigner, webescritor y quizá único weblector de este webrincón, que no llega a websitio, agrego:

Antes de la visita de los amigos, durante, y después, hubo refacciones en el velero anarres. Y caminatas. Intentos de fotos submarinas. Mucha natación. De las fotos y de las mejoras del velero, nos ocupamos en la página de vela y buceoque es donde correponde.

El treinta de abril llegan más amigos, con famila, se alojarán en una linda posada a unas cuadras de aquí.

Y llegaron y ya se fueron hace varios días, y la pasamos bien juntos. Navegamos, tomamos y comimos en la playa, paseamos.. Los primeros dos días el clima parecía adverso, aunque ambas tardes de esos días se pudo aprovechar la playa. Ya el tercer día el sol apareció para no irse (salvo a la noche, claro). Aquí hay dos fotos de los amigos, en casa, compartiendo una feijoada, y en la playa, compartiendo camarones y bebidas.

Los Renaudo y Gloria Los Renaudo, y Gloria
Pura joda, en casa, mientras se cocina la feijoada Pura joda, en el Bar do Midi, Praia Grande

Un día salimos a navegar Enrique y yo, más Renata, Valentín y Santiago. Faltó viento, así que no nos divertimos mucho. Al regreso Ana y Gloria estaban en Praia do Flamengo, nadaron hasta el velero, nostros nos colgamos de amarra ajena, como habíamos acordado, y almorzamos todos juntos en el anarres. Al día sigiente salimos Ana, Gloria y yo. Pinchamos el fierro cerca de la piscina (natural) de Anchieta, y nos fuimos a ver los "peixinhos" de colores. A la vuelta un hermoso viento por la aleta nos dejó en la poita en minutos. Una delicia.

Ana y Gloria Piscina natural de Isla Anchieta
Glo y Ana, cámara en el agua, Piscina de Anchieta Mirando para el lado opuesto de la piscina

Y lamentablemente los amigos se fueron, con esa mala costumbre que tienen los visitantes de dejarlo a uno con "saudades". Creo que les gustó mucho el lugar, y tambien la Pousada Ancoradouro, muy linda y cómoda, que hasta un buen descuento les hizo.

Y hemos vuelto a la normalidad: paseos en barco, paseos a pié, y esas cosas. Mucho más no hacemos, sobre todo si cuesta plata, porque el cambio nos está matando. El dólar cerro el viernes pasado, 27 de mayo, a 2,39 reales por unidad, mientras que en nuestra querida patria insiste en quedarse en los 2,90. y sin mucha esperanza de que esa situación mejore a nuestro favor. Estoy recordando una Editorial que escribí en lo mejor de la devaluación. Como estaba diciendo antes de acordarme del dólar, paseamos a pié. En uno de ésos paseos se nos agregó Iñaki, amigo reciente, y bajamos (luego de subir previamente) los 130 metros de desnivel necesarios para llegar a Baguarí. A la vuelta, por otra senda, otra vez los 130 metros de subida y de bajada. No es mucho desnivel, pero el calor del día no ayudó mucho.

Baguarí Glo e Iñaki
Vista desde Baguarí, Anchieta al fondo. Glo e Iñaki y la mata atlántica.

Y para terminar el otoño, hemos hecho varias cosas. Otra vez con Iñaki, caminamos la senda que lleva a la playa Grande do Bonete, algo así como una hora y moneditas, pasando por otras playas no tan interesantes. Pero en conjunto un hermoso paseo.

Bonete Bonete
Camino a Bonete La playa Grande de Bonete

Contrariamente a lo que habíamos hecho en una visita anterior, nos internamos por la villa de Bonete. Con calles que son apenas una senda, sin superar el metro entre casa y casa. Lo mejor de todo es que encontramos en el laberinto de "callecitas" un restaurante donde reponer fuerzas. En el mejor estilo caiçara (paisano o lugareño de la costa paulista) la opción para alimentarse era, y fue, pescado frito (distintas especies, me gustó uno llamado perna de moça, es decir pierna de muchacha) más arroz, porotos, y ensalada. Más típico imposible. Vean las fotos: también el ambiente no puede ser más auténtico

Restaurante de Bonete Glo e Iñaki
Los comensales en el restaurante cinco tenedores El webmaster en el restaurante

Otra actividad que sirvió para aprovechar el sol que brilla hace más de un mes, fue una salida de barco más larga que lo habitual. De ese paseo se habla en la página de navegación y buceo. Otra que fué novedosa fue una caminata a la playa Brava de Almada, que no conocíamos. El auto quedó en Almada, villa de pescadores algo estropeada por el turismo, pero aún interesante. Una trilha (senda) cruza el morro aledaño, y así, en media hora llegamos a esta playa, solitaria, bonita, y de aguas bravas, como sugiere el nombre. No nos bañamos, pero nos entretuvimos tomando sol y buscando semillas llamativas.

Brava de Almada Glo e Iñaki
Visual desde Brava de Almada En el río que desemboca en la playa.

Y finalmente, hoy, 18 de junio de 2005, caminamos una hora desde la playa de Enseada, a la playa de Fora, que no conocíamos. Otro paseo entre la selva atlántica, que culminó en playa, baño y sol. No nos podemos quejar del otoño ubatubense. No dejen de enterarse que sucederá en el ya casi presente invierno.

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