Diario de anarres

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Trekking en Cortaderas, con cumbre
Esta vez, el relato corresponde a febrero de 2010. En Villa Elena, Cortaderas, San Luis, Argentina. Y no es que no hayamos venido múltiples veces el año pasado y en enero de este año, como se cuenta parcialmente en la hoja anterior. Lo que hace distinta a esta oportunidad, y digna de aparecer en este bodrio que es www.anarres.com.ar, es que luego de veinticinco años o más, volvi a hacer cumbre, y acompañado con el amigo más impensado.
El arroyo Cortaderas desde la cumbre de Villa Elena, Cortaderas, San Luis
El arroyo Cortaderas, desde la cumbre
Ya otras veces mi amiga Anita me había amenazado con lo de hacer cumbre en estos últimos años, pero yo pensaba que no era lo mismo subir a los 25 que con más del doble. Así que, con los temores del caso, cuando Valentín, su hijo, me anunció: "Subimos el domingo" acepté inmediatamente, pensando: El año que viene será más difícil, o tarde....
La partida El amanacer
De noche, la partida Amanece, un alto en el camino, Waldo
Cinco de la mañana: con el amigo Waldo, llegado desde Trelew hace unos días, estamos desayunando, y rematando los últimos preparativos. A las seis nos buscará el resto de la excursión. Se supone que serán de la partida: Anita y sus dos hijos (Valentín y Santiago), un pasajero de la Hostería Magdalena con sus dos hijas: Gaby y Vale. Y claro, nosotros dos. Casi las seis, el resto del relato a la vuelta.
Luces y sombras. Cortaderas, Valle del Conlara Valle del  Conlara
Luces y sombras El Valle del Conlara
Hacia la cumbre, Villa Elena, Cortaderas, San Luis Hacia la cumbre. Villa Elena, Cortaderas, San Luis
Descanso. ¿Mitad del camino? Más descanso, falta poco
A las seis en punto partimos de casa, Ofició de guia Valentín, como correspondía, aunque tuvo algunas deferencias con el guía jubilado que integraba la excusión, o sea yo. Costó un poco cruzar el arroyo Cortaderas, crecido por las últimas lluvias, pero laaaargo rato después (según mi agitada respiración y mis apurados latidos) llegamos a la primer cima del camino, la Píchica, que dejamos a un costado. Los espinillos quemados por el incendio del verano. Mucha vegetación nueva, bajita y verde como muestra del poder de la naturaleza para regenerarse. Y ambas cosas como testimonio de la estupidez humana combinada con el fuego.
Florcitas serranas Portal de la cumbre, Villa Elena, Cortaderas, San Luis
Flores en el camino Portal de la cumbre
Piedra El Vasco Piedras Los Vagones
El Vasco Los Vagones
A las diez y poco, llegamos al abandonado puesto El Picaflor, después de algunos descansos: el siempre programado en la Piedra del Viento, y otros a los que obligó el estado físico de uno u otro caminante. Aclaro: el GPS que llevé marcó un recorrido de 6,5 kilómetros, con un desnivel de 900 metros. No es el Aconcagua, pero siguen siendo unos cuantos metros. Ni el Everest. Todo estaba como recordaba, todas las piedras en el mismo lugar: el Vasco, los Vagones, pesan muchas toneladas, no se espera de estas rocas mucha movilidad. ¡Qué lindo es echarse a descansar apoyado en un tronco y comer una picada de salame y queso!
Waldo en el Caracol En camino a las grutas Primera gruta
El Caracol Cerca del Caracol Gruta
Despues de la picada y merecido descanso, aunque breve, otra vez en marcha. Para visitar las grutas del arroyo Benítez. Paseo que se hace caminando por las arenas del arroyo, patas en el agua cubiertas por alpargatas y medias. Así se evita más o menos la tortura de la arena gruesa en los pies. ¿Pieses? En el camino algunas formaciones de roca trabajada por el agua, como el Caracol, generan dificultades cuando uno no desea nadar en el agua helada. Como fue el caso, ya que el clima no acompañó y solo vimos el sol en el regreso. Los helechos, los tabaquillos, las cortaderas, ponen el toque verde en el camino. Visitamos la primera gruta, que es de acceso fácil, y remoloneamos para la segunda, entre otras cosas porque olvidamos las linternas. De vuelta en El Picaflor, comimos enormes sandwiches de milanesa con todos los complementos imaginables entre ambas tapas. Un lujo que nunca me había dado en otros antiguos ascensos, y que se debió a la paciencia y fuerza de Valentín y Santiago para acarrear todo eso hasta allí.
Caminantes en la cumbre de Villa Elena Puesto El Picaflor, Villa Elena, Cortaderas, San Luis
Cerca del Picaflor En el Picaflor
La lluvia nos asustó un poco, aunque no nos castigó mucho, por lo que emprendimos el regreso enseguida. Allí fue mi momento de gloria. El guia jubilado (¡Yo, como ya les dije! A ver si leen con atención) le enseñó al guía en funciones un camino de retorno que no conocía. Yo por mi parte dudaba de encontrarlo, pero con algunas vacilaciones lo logré. Gandalf el Blanco guiando a la Comunidad del Anillo. Por lo menos por mi edad y las canas, ya que no por las habilidades mágicas. Modesta taumaturgia la mia, encontrar entre las telarañas de mi cerebro este sendero. Al menos no nos persiguieron los orcos, apenas algún tábano zumbón. A eso de las siete de la tarde, cansado pero feliz, me derrumbé en un sillón de casa. Cerveza y ravioles artesanales, recompensa del anciano guerrero.
Raúl Lema Raúl Lema
Raul Feliz Raúl fotógrafo
Al día siguiente, dolores musculares varios, momento ideal para escribir en la compu. Así que agrego: El amigo impensado que me acompañó es TomásWaldemar Caamaño Castillo, con quien no nos veíamos hace más de diez años. Un día, hace unos meses, apareció en nuestro correo, cuando ya dudábamos de volver a saber de él. Y lo invitamos a visitarnos aquí en Villa Elena, con la mala y segunda intención de aprovechar su habilidades eléctricas, y renovar la instalación de esta casa. Así que ambos unimos lo útil a lo agradable y nos tomemos un montón de cervezas juntos, y nos enteramos de su vida, y la casa quedó llena de disyuntores, puestas a tierra y todas esas cosas. Un lujo. Gracias Waldo.
Mirando al sur Mirando al valle
El regreso, mirando al sur El regreso, mirando al valle

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