Vela y buceo


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Islas griegas a vela 
   

Ufa, volvimos a Brasil más de un mes despues de lo esperado, y el velero pasó casi cinco meses solo. Los cuidados de nuestro marinero, Ricardo, ayudaron a mantenerlo presentable y ventilado de la línea de agua para arriba. Pero el casco, que hace rato precisa pintura venenosa, Nossa! como dicen aquí cuando algo excede lo común. Ya llevo dos tardes sumergiendome con la espátula en mano, y todavia me falta un poco a limpiar. Las molestas "cracas", algas varias, moluscos y hasta algún cangrejito hacian parte de la fauna y flora moradora del casco. Me olvidaba: hasta encontré algunos mejillones alojados ente el timón y el casco.
Pero hemos logrado algunos progresos: Ricardo arregló los candeleros de los guardamancebos, que por fin están firmes. También reemplazó la válvula de entrada de agua al inodoro, que desde ahora puede ser usado sin inconvenientes, sobre todo para satisfacción de la tripulación femenina. Reemplacé el ancla Bruce de 5 kilos por otra Bruce de 7,5 kilos, y cambié la cadena, que era muy grande y se trababa en la patesca. Contraté a Federico, electricista uruguayo, que arregló todas las luces de navegación, y colocó un horímetro, que me permitirá saber cuándo cambiar el aceite del motor. Al respecto, ahí estoy tratando de cambiarlo, cosa que no resulta tan sencilla como en un auto. Requiere algunas y venidas, pero es cuestión de paciencia, como todo lo que se hace en el mar.

Norte de Ubatuba

Lo mejor que sucedió hasta ahora es que la vela mayor recibió cuidados: reparaciones menores, sobres de battens nuevos, y además ahora cuenta con todos los battens (había uno solo). Salvo lo de la vela, todos pequeños detalles, pero que ayudan a la seguridad y al confort. Ahora habrá que ponerse a navegar. El proyecto es navegar un poco más largo, hacia el norte de Ubatuba. Por eso que más arriba está la imagen satelital del área norte, que en el ángulo superior izquierdo muestra el límite entre São Paulo y Rio de Janeiro.
Otra cosa que sucedió, bastante inesperada, fue que el despachante (gestor) a cargo de los papeles del barco, apareció con los papeles de propiedad del barco ya terminados. Aquí es la propia Marinha do Brasil la que se ocupa de esas cosas, así que un teniente de fragata firma los papeles. El anarres deberá lucir desde ahora, en las bandas, su nombre, y no aquel de Blue Moon que tenía. En la popa debe llevar el nombre y la matrícula. Era hora, lástima que el presupuesto está algo flaco, y preferiría invertir en cosas más útiles que las placas. Habrá tambien que acostumbrar a los muchachos del taxi boat con el nuevo nombre, que aquí se pronuncia mas o menos así: anajis o anagjis o anajes o vaya saber qué.

Mar, vela y cracas

Un barco es un agujero en el mar donde uno tira todo su dinero.
No por conocida, esta frase deja de ser cierta en el caso del anarres. Hubo más arreglos: La bomba de agua ya no pierde, se acumulaba como un litro de agua por hora de motor. Hay una capa de vela nueva: con eso la vela mayor queda puesta, con la consiguiente comodidad. Gracias a que la vela queda puesta, quedó lugar en el tambucho para acomodar los salvavidas. Que a su vez ocupaban otro tambucho entero, que ahora queda destinado al morfi. El enrollador de genoa queda para el año que viene, que el presupuesto ya no se estiraba. Las luces de navegación continúan dando problemas, no siempre funcionan, habrá que reemplazar los artefactos más adelante. Las placas con el nombre siguen pendientes. Compramos por pocos dineros una lona para que sirva de toldo y de protección en la amarra. El baby stay se cortó, he encargado una pieza para hacer el empalme, ya que se cortó justo en el "esticador". Y esticador nuevo cuesta un disparate.

Ventilando en Flamengo Vista de Flamengo
Ventilando las colchonetas en Flamengo Vistas durante la limpieza de casco

Un barco es una continua fuente de entretenimiento, que permite olvidar lo del agujero en el mar
Hemos hecho dos idas a la Praia Grande de Anchieta, isla que queda a unas cuatro millas de nuestra amarra. Como el clima está de primera (habría que lamentar cierta falta de vientos) uno toma sol, navega, y "curte" todo a la vez. Hubo también, como corresponde, tres idas a Praia de Flamengo, a motor, que no vale la pena poner los trapos. Continuó la inacabable batalla perdida contra las cracas y demás porquerías que se acumulan en el casco. Este trabajo lo incluiremos, para disimular, en el rubro entretenimiento. Casi sin viento, el último paseo ha sido a Praia da Fortaleza, nuestra primera visita por mar. Con el equipo de snorkel, pataleamos largo rato hasta la piscina natural donde de ven multitudes de peces, corales de diversas clases. El regreso fue a motor y vela mayor, que por estos pagos llaman "cariocar". Supongo que es una alusión a los pocos vientos que tienen en Rio de Janeiro. A lo mejor a cierta fama de vagos y tramposos que les hacen los paulistas. Tendré que averiguar.

¡Temporal patagónico en los trópicos!

Y será justicia. Digo, porque como patagónicos emigrados, el temporal más prolongado y fuerte que hemos visto en Ubatuba, nos agarró en nuestra primera salida de más de un día. Dias antes, con intención de hacer un paseo más largo, limpié nuevamente el casco con dedicación. Tanto insistir, esta vez fue fácil y relativamente rápido. Así que, el viernes seis de agosto nos decidimos a hacer la postergada salida (el clima nos frustró el anterior intento),y el sábado siete, luego de consultar el pronóstico, que sólo nos advirtió de nubosidades el lunes, cargamos lo necesario en un par de bolsos y la mochila, y nos tomamos el "ónibus" Cidade de Ubatuba hasta Saco da Ribeira. Así, el auto queda en casa, bajo techo. Como encontramos al amigo Yamandú en el barcito del pier, "dimos salida" con él, lo más parecido a una formalidad que cumplimos en el puerto. A las 12:35 soltamos las manos de la poita, sin viento, y cariocando, sin que las velas dieran ayuda, llegamos a la Isla de Promirim, a pesar de que el plan era dormir en Couves. Claro, saliendo depsués de mediodía, nadie llega a tiempo a destino. Soltamos el fierro próximos a otro velero, un veintidós piés, creo, a la vista de la única playa de la isla, muy bonita.

Ilha Promirim Segundo fondeo, en aguas profundas de Promirim
Fondeados en aguas rasas en la playa de la isla de Promirim Segundo fondeo, en aguas más profundas

Ya tarde para ir a la playa (nuestro bote auxiliar son las patas de rana) preparamos la cena y nos preparamos a dormir temprano, algo molestos por el oleaje. El viento escaso, NE que nos había complicado la llegada, rotó y al rato de percibir unos relámpagos a nuestro SO, llegó el temporal, que nos encontró poco guarecidos. ¡Y qué viento! Las jarcias ululando, las drizas golpeando, y el barco temblando, me recordaron algúnos temporales en el Golfo Nuevo, allá en el sur. La noche pasó lenta, con pocos momentos de sueño, y desconfiando del fondeo, sobre todo en las ráfagas más fuertes. Pero el viento no cesó ni disminuyó en toda la noche del viernes, ni el sábado, hasta las últimas horas de luz. Luego rotó al NE de nuevo, las olas se calmaron un tanto, la lluvia se convirtió en llovizna, y nos dió un sueño reparador. Amanecimos con sol radiante, desayunamos e hicimos las pocas millas hasta Isla de Couves con motor y olas largas.

Ilha Rapada Segundo fondeo, en aguas profundas de Promirim
Ilha Rapada, en navegación hacia Couves Aproximación a Ilha das couves

Con ganas de asegurarnos la vuelta con luz de día, tampoco desembarcamos, y pusimos rumbo a nuestro conocido Boqueirão. Al principio casi sin viento, y de a poco fuimos encontrando una ceñida placentera, y el velero anarres cortó las olas rápidamente hasta allí. Pasado el Boqueirón el viento desapareció, lo que dió tiempo para gurdar los trapos y acomodar la cubierta, mientras nos arrimábamos a la poita a motor. Así el lunes a las 17:00 horas, nos tomamos una cervecita en el bar del muelle, y a casa. Precisiones no me pida: no tenemos GPS, la brújula se vé poco y necesita pulir el acrílico, estación meteorológica ni conversar, y cuando regresamos nadie nos supo decir de la velocidad del viento, y encima parece que en el único lugar que llovió o lloviznó un dia entero, fue en nuestro fondeo. Tendremos que insistir, para vistar las dos playas de Couves, que el lugar parece el paraíso. Será preciso explorar todo con snorkel y demás equipo. Las fotos las debo para cuando termine el rollo. La foto satelital que está al principio de esta página muestra la Isla de Couves, a la derecha, la más alejada de la costa.

Paseo corto, Praia Sul de isla Anchieta

Entre la anterior visita a Promirim, y una segunda, que cuento más adelante, fuimos a Praia Sul, pequeña, linda. Con motor, ya que el trayecto es corto, y si no hay viento interesante, cansa subir las velas por tan poco. El mar estaba agitado, el agua fría, por lo que luego del almuerzo nos volvimos a puerto a tomarnos unas cervejinhas en el bar del ponja. Como reflexión acerca de las distintas posibilidades económicas de las gentes, abajo hay dos fotos tomadas ese día.

Praia Sul Praia Sul
Velero Beijupira, "barrio de Ipanema" flotante Velero anarres, "fabela da Rosinha" flotante

¡Calma tropical en los trópicos!

Cabezones, decidimos volver a la Isla de Promirim, que como ya contamos, nos obsequió el mejor temporal patagónico sufrido en el velero anarres. No pongo ni fotos ni mucho relato. Esta vez, el viento dio el faltazo, así que con el pam pam pam del motor llegamos tardísimo, no era hora de bajar a la playa. Al menos dormimos tranquilos. A la mañana, otra vez sin viento, y con un compromiso a la tarde, emprendimos el regreso con motor, temprano, y la visita a la playa quedó para un tercer intento.

¡Nordestão!

De la bitácora de anarres: 10 de octubre de 2004 - 10:00 horas. Salimos con viento escaso y en contra, como acontece muy a menudo en Saco da Rivera. Dos o tres piernas con viento flojo apenas nos alejaron de la poita. Demoramos media hora en avistar nuestra playa habitual. Flamengo, que queda a 10 minutos de motor. Ahí dijo presente el viento, nordeste, primero fresquito, poco después fresco, enseguida frescachón. A la boca de la bahía pudimos ver que ya varios veleros (feriado largo: muchos veleros desparramados) escoraban bonito. Nosotros, de través, menos, claro. Pero como parecía que podía empeorar, decidimos emprender el regreso. Y como corresponde a la costumbre de la bahía, el viento borneó al sudeste, y se desató el temporal de fuerza ocho, que en minutos nos hizó desandar casi todo el camino, con las escotas completamente filadas, la botavara bien cerca del agua. Planeabamos en las aguas apenas rizadas.
El asunto era bajar los trapos llegando a puerto: mientras Gloria con ayuda del motor intentaba mantener el barco aproado, tarea muy difícil, el que suscribe, logro bajar la genoa 150%, claro que remojándola bien. Mientras tomábamos distintos rumbos, paseando para aquí y para allá como locos a vista del puerto, todavía pude bajar la mayor, también como pude. Quedó colgando de la botavara y metida de cualquier forma en la cabina. ¡Ese pequeño resto de paño todavía nos hacía escorar! Hubo que retirar la vela por completo, y aún así escorábamos un poco, pese al motor y palo seco. Felizmente tomamos la poita sin problemas. Y nos quedamos en el barco un buen rato, escuchando los problemas ajenos en el canal 68 de la radio, acomodando el desbole. Veíamos otros veleros en problemas parecidos a los nuestros, dando vueltas.

Resumen hecho en tierra, en el bar del japonés en el muelle: Todos comentando sus historias, y la fea novedad de un catamarán capotado, y la seguridad dada por alguno con instrumentos en su barco: 40 nudos. Resumen de la historia: voy a comprar el enrollador de genoa, y prometo no esperar hasta que sea tarde para tomar rizos. Parece que no todo es calma tropical por los trópicos.

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